|
Mi papá es pescador comercial. Se gana la vida mayormente como capitán de un bote en el que pesca camarones en el océano Atlántico. Trabajar en el mar es vida ardua. Es más un llamado que una carrera.
Lidiar con el mal tiempo es uno de los retos más inciertos ligados a la vida en el mar. Hay una palabra de nueve letras que puede barrer con todo lo que posee un capitán de un bote pesquero: ¡Huracán! Hace unos años un huracán llamado Emily se acercaba a la Isla Harkers, en Carolina del Norte, que es donde mi papá vive y ancla su bote. Un reportero de un periódico de Columbia, en Carolina del Sur, fotografió a mi papá preparando el bote para la tormenta. En la foto del periódico aparecía mi papá en el agua sujetando las amarras que asegurarían el barco lo mejor posible. El barco estaba separado del muelle en cuatro puntos. Un ancla en cada dirección aguantaría el bote durante la tormenta. El agarre balanceado de las anclas protegería el bote contra tormenta.
Siempre que pienso en mi papá mientras preparaba su bote pesquero para el huracán, se me viene a la mente el balance que deseo antes, durante y después de que los huracanes que amenazan la vida me azoten a mí y a los míos. Mi papá terrenal sabe cómo lograr balancear un bote en preparación para la tormenta. Mi Padre celestial sabe cómo proveernos de una vida saludablemente balanceada. Por eso acudo a Dios para que me provea las cuatro anclas que me aseguren una vida y una ética balanceadas de trabajo.
LAS CUATRO ANCLAS DEL BALANCE
Al inquirir continuamente de mi Abba Padre sobre el asunto, son cuatro las anclas que se me ofrecen para el balance en toda clase de tiempo. Si deseo una vida saludablemente balanceada, deberé prestarle igual atención a las cuatro amarras y a las cuatro anclas ligadas a ellas. Encuentro salud para mi vida y balance en mi ética de trabajo al ir simultáneamente en pos de la devoción, la ocupación, la recreación y la restauración. Puesto de manera simple, si quiero una vida saludable, deberé buscar a Dios para que me ayude a mantener el balance entre la adoración, el trabajo, el juego y el descanso. El bendito Espíritu Santo, el Consolador de mi vida, me dará ininterrumpidamente este balance saludable.
El ancla de la adoración
Si vamos a poder permanecer como líderes espirituales, debemos ser personas conforme al corazón de Dios. Debemos ser adoradores. Adorar es más acerca de conocer a Dios que de conocer acerca de Dios. Adorar es más acerca de pasar tiempo con Él que de gastarnos las suelas de los zapatos por Él. A Dios le importa la adoración. La adoración es una prioridad en Sus asuntos. Nunca conoceremos lo que es la vida balanceada, o la ética de trabajo balanceada, hasta que no abracemos a Dios en adoración. La adoración no admite prisa. No se trata de algo a lo que se llega sino de algo en lo que se camina. La adoración es asunto de todo el día, de una actitud que adora al Todopoderoso.
Mi mentor en la vida, James Spruill, me enseñó a no encasillar la vida con las etiquetas de lo secular y de lo sagrado. Dios es omnipresente, por lo que todas los momentos en la vida son igualmente sagrados, sea que estemos en el tobogán con los pequeños, jugando baloncesto con los jóvenes, o detrás del púlpito el domingo en la mañana. El Señor Jesús dijo: “…he aquí yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20). La adoración es un modo de vida “de todo el día, cada día/de toda la noche, cada noche”. Hay que asegurarse de que el ancla de la adoración no esté arrastrándose en el fondo de la vida de uno, de otro modo el balance se alterará. El ancla de la adoración deberá fijarse profundamente en la Roca de la eternidad.
El ancla de la ocupación
La devoción es adoración, pero también lo es la ocupación. Necesitamos incorporar de una manera práctica en nuestras vidas tanto la adoración como el trabajo. Sin la adoración nos volvemos adictos al trabajo. Sin no trabajamos, nos volvemos unos “perezosos”. Ninguna de las dos cosas por separado nos ofrece el balance que nos ayuda y que agrada a Dios. Trabajar es lo que hacemos en obediencia a la agenda de Dios para nuestras vidas. Adorar es la manera en que lo hacemos en obediencia a la agenda de Dios para nuestras vidas. Trabajar tiene que ver con la acción. Adorar tiene que ver con la actitud. El trabajo que se hace en actitud de adoración agrada a Dios y nos crea balance.
Cuando busco a líderes que me puedan acompañar en mi ministerio, les hago la pregunta, “¿Cuántas horas trabajaría usted cada semana?” Es una pregunta capciosa. Si empiezan a hablar apuradamente, sé que estamos en problemas. Alguien me dijo, “Setenta u ochenta horas; ese es mi estilo”. Tras una pausa le contesté, “Bueno, si usted tuviera que trabajar aquí con ese estilo, le sería un estorbo a mi estilo, y no estoy en el ánimo de cargar con esa falsa culpa”. Cuando se trata del trabajo, las palabras “expectaciones realistas” son muy pero que muy importantes. Dios quiere que trabajemos, pero Él no es Dios de una sola ancla. Existen otras tres anclas que hay que echar al agua para que nuestras vidas sean internamente balanceadas y externamente hermosas. Solo trabajar y no adorar ni jugar ni descansar hace que la persona sea desbalanceada y que fracase como líder.
El ancla de la recreación
La adoración y el trabajo son realzados cuando sacamos tiempo para jugar. Sí, la adoración, la ocupación y la recreación van verdaderamente juntas. Hablemos de la falsa culpa. ¿Por qué un líder tiene que sentirse culpable por sacar tiempo para jugar? Estoy convencido de que el enemigo pasa más tiempo tratando de cortar las amarras que llevan a la recreación en la vida del líder que tratando con las otras tres. ¿Por qué? Porque el jugar, el tomar tiempo para recrearnos, es tierra fértil para el gozo y la alegría en nuestras vidas. Todos sabemos que el miserable quiere compañía. El diablo no quiere que tengamos lo que él no tiene: ¡diversión! Cuando jugamos y nos divertimos nos volvemos como niños. Y uno ya sabe lo que el Señor Jesús dijo acerca de los niños: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3).
Esto empieza a hacer sentido, ¿no es cierto? Si no echamos ancla respecto a la recreación, nos perderemos la re-creación. Programemos un tiempo de diversión en nuestra vida, un tiempo de juego, y el ser impetuoso empezará a abrirle paso al ser balanceado. Se lo prometo. Si usted empieza a calendarizar la recreación, con el tiempo se volverá algo espontáneo, un hábito santo que usted rehusará dejarlo. No solo se está hablando de algo bueno sino de algo de Dios. Si usted verdaderamente quiere emular a los discípulos en el mejor sentido, sea como Cristo. Tome tiempo para jugar con los niños. Nunca deje morir ese niño o esa niña dentro de usted. Y si lo ha hecho, no se desaliente, puesto que nuestro Dios se especializa en resucitar gente. Pídale que resucite la recreación en su vida. Permita que el niño en usted viva y se ría de nuevo. Pídale a Dios que re-cree el asombro infantil en su vida ahora mismo.
El ancla de la restauración
Finalmente, no olvide fijar el ancla del descanso sobre fondo firme. Recuerde, necesitamos las cuatro anclas para el balance saludable de nuestras vidas y de nuestra ética de trabajo: adoración, ocupación, recreación y, finalmente, restauración. Estoy convencido de que muchos cristianos, especialmente los líderes, no necesitan otro sermón. Lo que necesitan es una siesta. El Señor Jesús quiere que descansemos. Nos lo ofrece en Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.
¿Será posible que las cuatro anclas de las que estamos hablando sea simple pero profundamente un asunto de presentes que se otorgan? Por favor, présteme atención. ¿Será posible que tanto la adoración como el trabajo sean presentes que le damos a Dios, y que el jugar sea un presente que nos damos a nosotros mismos, mientras que el descanso sea un presente del Señor Jesús para nosotros? Pienso que sí. Una razón por la cual quizá no tengamos descanso en nuestras vidas es que no venimos, o que no queremos venir al Señor para recibir Su descanso como un presente para nosotros.
El ancla del reposo está conectada a las amarras de la confianza. Oswald Chambers nos habla en su diario de la vez que estaba enfrentando circunstancias aparentemente imposibles. Fue al Señor en oración y sintió que le escucho decir, “Confía en mí y haz lo próximo que puedas”. Después de meditar un rato, Oswald concluyó que haría exactamente eso. Así que simplemente confió en Dios e hizo lo próximo que podía hacer: ¡se echó una siesta!
El reposo es un regalo que el Señor nos da para que aprendamos a confiar más en Él. Hablamos de la vida saludablemente balanceada. Esa es la clase de vida que yo quiero vivir. Esa es la clase de ética de trabajo que quiero favorecer. Una ética de trabajo que esté hermosamente balanceada con esas cuatro fieles anclas (la adoración, la ocupación, la recreación y la restauración), ayudará a mantener la tripulación del bote impávida ante los boletines de mal tiempo, y serena cuando las interrupciones providenciales de Dios ocurran. ¡Venga el granizo, la marea alta, o el huracán, estas anclas nos mantendrán equilibrados y fuertes, puesto que están sujetadas a la Roca de los siglos!
Kerry Willis es el pastor titular de la Iglesia del Nazareno en Harrisonburg, Virginia.
“Relational Leadership [Liderazgo relacional], por Kerry W. Willis © 2009 por Kerry W. Willis y Beacon Hill Press de Kansas City, Kansas City, MO. Usado con permiso de la casa publicadora. Todos los derechos reservados. Visite www.beaconhillsbooks.com y compre este libro”.
|